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PRESENTACIÓN BIRMANA (DEDICADA A MIS ALUMNOS DE 4º DE ESO) ELADIO ROMERO PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Eladio Romero   
 

 PRESENTACIÓN BIRMANA

 

 Objetivo Birmania constituye una novela de la que se ha hablado poco, más bien casi nada. Por ese motivo, yo mismo, como su autor, he imaginado lo que vosotros habríais opinado sobre ella caso de haberla leído. Anticipadamente pido disculpas por haberme entrometido en vuestro propio criterio.

  Laura Calvera, que toca la flauta travesera en la banda ensemble XXI como los mismísimos ángeles, piensa que Objetivo Birmania es como hacer una quiniela a medias, algo de lo que nunca sacarás provecho.

 - Cada cual toca lo que quiere y con lo que le da la gana, ¿verdad, usted? 

 - Pues, hombre, según. Un conocido mío, que es protésico dental, quiso tocarle el culo a una dama con una sola mano (no recuerdo ahora si la derecha o la izquierda) y le arrimaron semejante soba al morro que, a poco más, lo desgracian.

 - Bueno, ese será un caso aislado, pero, en general, creo que no me falta razón al pensar lo que pienso.

 - Cierto, Laura Calvera toca muy bien la flauta y gasta opiniones muy contundentes. La sopla con tales energías que hasta le saca chispas al instrumento.

 
 Alva Cardil, violinista de la misma banda, echa en falta en la novela la palabra armonía. Como es un tanto romántica, le ha parecido algo carente de sentimiento. Conviene saber que Alva Cardil suele sufrir mucho. El otro día perdió su gorilita de peluche y anduvo dos días completamente desconsolada. Pobrecilla. 

 
 Marc Guijosa, más conocido como el Sentencioso, mantiene opiniones encontradas consigo mismo. A veces, la novela ni fu ni fa. A veces, le disgusta y solo piensa en sacarle “pañolada” a su autor. Con la escena que más ha disfrutado es aquella donde aparece James Bond comiendo calçots. No en vano el chico es de origen catalán.

 
 Aitor Martín es persona aficionada a las acrobacias. Afirma que con ello se liga mucho, pero luego, a la hora de la verdad, tampoco le luce mucho. Eso de no ser afortunado en amores da mucha rabia, una rabia que conviene disimular. Aitor, de acuerdo con el sentido común, también disimula. Hay fracasos que no se arreglan pregonándolos y que escuecen menos silenciándolos. Respecto a la novela no dice nada. No es su estilo.

 
 Alba Peirón (¿Alba Peirón?) vive sin vivir en nosotros, está pero no está. De haber vivido en la Grecia clásica la habrían nombrado diosa de la Discreción. Por ello nadie sabe qué piensa de Objetivo Birmania. El misterio sigue ahí y no sabemos si será desvelado algún día. 

 
 Alicia Rodellar no parece de este mundo. Ni siquiera del otro. Alicia Rodellar vive en una galaxia muy lejana y presenta el mirar velado, como fruto de unas emociones que nadie alcanza a comprender. Cree que Objetivo Birmania tiene la letra demasiado pequeña y por eso cuesta leerla.

 
 Héctor Barrabés tiene un apellido quasi bíblico, concretamente neotestamental. Por ello sabe mucho de casi todo. 

 - ¿De casi todo?

 - Bueno, sin exagerar. Ni sabe tocar un cable de alta tensión sin respirar, ni saltar desde un campanario ni hacer gárgaras con lejía.

 - ¿Y de la novela?, ¿qué sabe de la novela?

 - Que se titula Objetivo Birmania, pero no le pregunte más.

 
 Patricia Civiac es de Binaced, como muchos otros de los aquí presentes. ¿Será verdad aquello de que el mundo está dividido en brutos, muy brutos y de Binaced? Si atendemos a su carácter, podemos afirmar que ese apotegma no es cierto, ya que es muchacha de carácter dulce (¡no me diga eso, señorita, que yo la quiero mucho!), aunque todo lo que gana con su vocecita lo pierde usándola en exceso, ya que habla hasta por los descosidos. Curiosamente, sobre Objetivo Birmania ni sabe ni contesta. 

 
 Alberto Solans también es de Binaced, aunque aquí la cosa cambia sustancialmente, por lo que preferimos no seguir sobre ese camino. Alberto considera Objetivo Birmania una novela romántica marcada por pasiones desatadas. Eso de inventarse el oficio de escritor para ligarse a una birmette le ha parecido una pasada. Alberto entiende mucho de pasiones.

 
 Aitor Sorinas es algo más alto que Alberto Solans y también gasta modales más finos. Parece querer estudiar para cura o maestro, y en cuanto a la novela afirma haberse sonreído discretamente (es decir, poco) con la historia del hooligan inglés que se rompe la crisma en pleno estado de embriaguez.

 
 Nelson Ballarín, persona que sabe aplicar la ley del mínimo esfuerzo a la perfección (la verdad es que casi nunca falla), solo ha leído el índice y la contraportada. Con eso tiene bastante para afirmar que Objetivo Birmania está muy bien y que desea a su autor mayores éxitos. Con tales aseveraciones seguramente busque sacar tajada.

 
 Pablo Borrás es animoso, terne y trabajador (bueno, tampoco convine exagerar). Que hay que copiar una página por hablar, pues se copia. Que la lección entera, pues a copiarla y santas pascuas. En cuanto a Objetivo Birmania, ni sabe ni contesta, delegando su opinión en su compañera María Gervás, una joven que lo aguanta con la santa paciencia de un Job centuplicado.

 
 Lady Vicenta Jaramillo, con ese nombre señorial, ya paga. Algunos piensan que llamándose así se puede llegar a ministra del Ejército o del Interior, la verdad, es que todo se andará. Para Lady Vicenta Jaramillo (gusto da repetir el nombre), el protagonista de Objetivo Birmania merecería un buen escarmiento por andar jugando con los sentimientos de las mujeres.

 
 Cristina Jordana, aficionada a las muertes trágicas, afirma haber disfrutado mucho con Objetivo Birmania, aunque seguro que no es para tanto. Ha notado la ausencia de vampiros, lemures y demás faunas noctívagas, pero prefiere eso a que se le eche un tren encima en un paso a nivel. En su opinión, con unos cuantos más bien cargados de sangre la novela hubiese ganado muchos enteros.

 
 Alicia Puy también se llama Sigrid, como la novia islandesa del Capitán Trueno. Ella no lo sabe, pero el Capitán Trueno era un individuo que llevaba de cabeza a la mitad de las mujeres medievales. Vamos, que Adrián Moler no le llega ni a la suela del zapato. Así que hará muy bien en aprovechar mejor su primer nombre.

 
 Kevin Manero es un tipo tan fuerte que no hay quien le lleve el pulso, al menos que se sepa. Si hemos de creer lo que cuentan las crónicas (y tampoco tenemos motivo alguno para ponerlo en duda), se ha peleado con medio mundo descalabrando a unos cuantos. Sin embargo, no hay constancia de que realmente conozca el argumento de Objetivo Birmania.  

 
 Gema Morillo no es que hable, no. Es que si se le colocara una turbina en la lengua, daría luz suficiente para iluminar todo New York durante un lustro entero. Gema Morillo considera que el autor de Objetivo Birmania debería retirarse a un desierto para dedicarse a la cría de cabras, camellos y otros animales pertenecientes a aquel ecosistema. 

 
 Paula Chirón no tiene desperdicio. Es trabajadora y muestra buenos sentimientos. Como no propende a ofender, prefiere no opinar demasiado sobre la novela en cuestión. Sin embargo, considera que los amores entre Marina y Augusto resultan muy impostados, como faltos de vida. Tampoco entiende qué pintan ambos personajes en la historia, y seguramente no le falta razón.

 
 A Amalia Gutiérrez le hubiese gustado que, junto al libro, se hubiese incorporado un cedé con las canciones del grupo Objetivo Birmania. Así, al menos no le hubiese resultado tan aburrido. Amalia Gutiérrez es una jovencita muy aficionada a la música que no tiene preocupaciones ni quebraderos de cabeza. Así da gusto vivir. 

 
 A Javier Lahílla, de mayor, le gustaría darse el piro con una mujer rica, muy rica. A poder ser, extremadamente rica. Así no tendría que leer nada por obligación, salvo los extractos del banco. De momento, hace lo que puede y en clase se dedica a pensar dónde puede encontrarse esa mujer. A Adrián Moler, el protagonista de Objetivo Birmania, lo considera un simple que no sabe ver el lado bueno de las mujeres.

 
 Francisco Garcés no hace más que quejarse de que en Objetivo Birmania faltan escenas de sexo explícito. Hace dos veranos, cuando trabajó en el departamento de piensos de una granja de pollos, mezclando proteínas, vitaminas e hidrocarburos, se enamoró de las tres hijas del dueño a la vez. Ellas le correspondieron, aunque al final tuvo que dejarlo porque no pudo con ellas. Francisco Garcés habla mucho, sí, pero luego, cuando debe coger el toro por los cuernos, se arruga. Francisco Garcés es el arquetipo de la juventud amarga y perseguidora de tías, que ignora el reglamento y desprecia, con un rictus vicioso, los principios. ¡Qué horror!, ¡qué triste sino el de nuestro tiempo, con las tías por un lado y los sobrinos por otro, las familias escindidas y la civilización estremeciéndose en sus cimientos! Francisco, un poco de orden, por favor.

 

 Tamara González presume mucho de experiencia vital. Le han declarado amor numerosos parroquianos de este centro, pero ella los encierra bajo siete llaves largándolos con falsas esperanzas. Por eso, de Objetivo Birmania no ha aprendido nada, absolutamente nada. Es más, a las primeras páginas lo dejó por cursi y pleonástico.

 
 Virginia Torné está encantadita con Objetivo Birmania. En cuanto pase el trance de leerla, piensa regalársela a una amiga suya aficionada al pop-rock, así se quitará una molestia de encima. Virginia Torné es una mujer práctica, de las que opinan que no hay mal que por bien no venga.

 
 Carlos Olivera, en cuanto supo que en Objetivo Birmania se hablaba el argentino, se tomó la novela algo más en serio, tampoco mucho. Leyó un par de páginas, meditó sobre el particular y se dijo que ya tenía bastante. Carlos Olivera, aunque no ve con buenos ojos eso de juntar letras, en el fondo tiene buen corazón.

 
 Alba Latre sabe ser amable y servicial, y no permite que se cotillee en su presencia. Sin embargo, ha tenido a bien dejar que sus amigas se explayasen con Objetivo Birmania tildándola de tostón, bodrio y ruto de una mente enfermiza. A veces, es buena la crítica constructiva.

 
 Miriam Calvera es tan inteligente, tan sumamente inteligente, que ha decidido no leer Objetivo Birmania. Ella se siente por encima de tales banalidades. Tras esa carita de niña buena e inocente se esconde una mirada suprema que pocas cámaras fotográficas alcanza a captar.

 
 Laia Durango ha disfrutado sobre todo con la letra “Todos los hombres sois iguales”, que considera muy acertada por ser cierta en un noventa y tantos por cien. El resto de libro, aunque lo ha trabajado intensamente de acuerdo con la eficacia que la caracteriza, no le ha dicho ni fu ni fa. En el fondo, siente cierta admiración por Mónica Gabriel y Galán, de quien alaba su perspicacia. 

 
 Un trece de diciembre, festividad de Santa Otilia, Virgen de Estrasburgo, Adrián Otín compró Objetivo Birmania, dejándoselo olvidado por ahí a las primeras de cambio. Se conoce que el despiste es algo consubstancial a su persona.

 - ¿Cómo el inabdicable yo de Fichte, que lo concebía como la realidad anterior a la división entre sujeto y objeto?

- Pues sí, una cosa así.

 - Ah.

 
 Alba López Blasco, desde lo del plátano de Canarias, se ha vuelto algo más desconfiada en relación con lo que lee, aunque tampoco mucho. Por eso piensa que Objetivo Birmania cuenta más mentiras que verdades (tampoco muchas más) y, en el trabajo, se limitará a levantar acta de ello. Alba López Blasco es una chica práctica que propende a no hacer mucho caso de lo que lee, no vaya a enturbiársele la razón.

 
 Miguel Paricio leyó dos páginas y disfrutó con la muerte del hooligan inglés, pero luego, al ver que la cosa iba de argentinos y de profesores tarados, frenó de inmediato la lectura y ahora pretende venderle el libro a Adrián Otín por un módico precio. Es muy posible que alcancen un acuerdo.

 
 Lorena Rovira, desde que ejerció de guardia civil en cierta obra de teatro, está muy en su papel y se siente enfurecida, incluso desatada de ira, por el trato que Objetivo Birmania concede al Benemérito cuerpo. Eso de que a los guardias civiles se les llame de todo y sin ningún miramiento no le parece de recibo.

 

 Cristina Batlle, jovencita muy aficionada a los teléfonos móviles, considera que la principal virtud de la novela es el protagonismo que se concede a dichos aparatitos. De hecho, la esencia del relato estriba en el error cometido por su protagonista a la hora de teclear un número. A Cristina Batlle, mujer muy temperamental, no le gusta que la gente vaya diciendo por ahí que vive pegada a un móvil, aunque su inteligencia y discreción le impiden entrar en discusiones inútiles. Con dejar caída la mirada le basta y sobra.


 A Bourama Samake lo que más le a gustado del libro son las tres chicas de la portada. Y es que Burama Samake, amén de gastar verecundas tendencias, no tiene un pelo de tonto.


 Eduardo Faro, de San Esteban de Litera, suele leer el libro durante el trayecto del autobús escolar. De ahí que apenas se entere de nada. En realidad, la culpa de esa falta de atención no la tiene otro que Bruno Delmás, vecino de Eduardo, quien suele meterla ideas muy nocivas para que no siga leyendo. Eduardo Faro procura no hacerle caso, pero a veces, y para le concede la razón como a los tontos.

 
 Desde que leyó Objetivo Birmania (un suponer), Clara Isábal está más pálida que nunca. Eso es señal de la rabia que el entró y de que, por ello, un día de estos va a volcar el autobús escolar. Clara Isábal considera que hay libros tan malos que no deberían publicarse.

 

 - Javier Lahuerta.

 - Diga, profe.

 - ¿Qué opinión le merece Objetivo Birmania?

 Javier Lahuerta, alumno, guardó silencio.

 - ¿No sabe usted hablar, Javier?

 Javier Lahuerta no sabe realmente a qué atenerse. En su interior grana la contenida mala uva en sujetos y aherrojados bastos a punto de estallar. Si dice lo que piensa, es decir, que la novela es un bodrio, piensa que algunos lo mirarán mal.


 Fátima Fernández, como es buena amante de los tangos argentinos, y en especial de los cantados por Carlos Olivera (perdón, quise decir Gardel), ha sabido ver el lado bueno de la novela, sobre todo en lo que hace referencia a su lugar natal. El resto le ha parecido deprimente…, por lo pesado que se le ha hecho.

 

 Adrián Mingote es un espíritu práctico y sensato, que no gasta la pólvora en salvas. Con el dinero que le dieron para adquirir Objetivo Birmania, decidió dar salida a unas de sus inquietudes más ocultas, la de comprar una batería de cocina. No hay como ser un tanto apañado para estas cosas. El libro, por tanto, lo ha leído a medias (más bien a cuartas) gracias a que se lo prestaron en la biblioteca.


 A María Torres le gusta mucho el look y la fashion que gastan las chicas de Objetivo Birmania. De hecho, y en el más secreto de los secretos, le ha comentado a su autor sobre lo que hay que hacer para llegar a donde ellas llegaron. Él ha respondido que no tiene ni idea, pero que hará los posibles para informarse. A tal fin, ya ha ideado la estrategia, que no es otra que la de escribir una segunda parte: Objetivo Birmania II. 


 Pedro Luis Fernández, vamos, Pedrito para los amiguetes, desde que escuchó la voz de Pedrooooooooo bramando por todo Holliwood, tiene instinto cinematográfico. De mayor pretende llevar la novela al cine, aunque con otro final. Para él, lo mejor hubiese sido que el protagonista acabase acostándose con la birmette, y así lo pretende plasmar en su futura película. 


 Isabel Navalón, desde que leyó la novela, estuvo pensando muy seriamente en abrir un local en Binéfar exclusivamente dedicado a la música moderna. Su padre le animó porque considerare que era un gran negocio. Su madre, en cambio, creía que no, que es era un negocio ruinoso y que lo bueno era comprar solares y esperar a que subieran, que al final suben siempre. Ahora, Isabel Navalón ya no sabe lo que hacer.


 Bruno Delmás, amigo Eduardo Faro, ambos de San Esteban de Litera según se dijo, es el alumno más aplicado del instituto. No hay constancia de que jamás haya faltado a clase alguna, aunque esta ni siquiera se haya impartido. Si por el fuera, hasta en agosto. Respecto al trabajo sobre Objetivo Birmania, parece ser que lo ha perdido en el autobús (desconocemos si a la ida o en el regreso).


 Judith Carrasquer, por educación, prefiere no mentar a nadie sus opiniones. Sus palabras suelen ser tan precisas, tan contundentes, que a veces opta por callarlas y dejarse arrastrar por la senda de la cortesía. Con eso ya sabemos lo que piensa de Objetivo Birmania.


 Daniel de Castro ha aprendido de Objetivo Birmania que, con su noble apellido, de mayor perfectamente podría escaparse con una condesa austriaca. Una Metternich o una Babenberg podrían servir. Para ello, e imitando a Adrián Moler, ha comenzado a redactar una novela con la que conquistar a su futura amante.


 Jessica Borrell goza de numerosas virtudes, especialmente de las tres teologales (Fe, Esperanza y Caridad). En cuanto a las virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza) tampoco se queda atrás. La divina providencia tiene a Jessica Borrell bastante mimada, y ella corresponde no insultando a los autores de novelas y ayudando a sus compañeros.


 Ana Serrat (¿podemos salir al patio, co?) suele repartir sonrisas para templar gaitas y quedar y quedar un poco bien con la gente. Como no quiere líos, ha leído las páginas finales de Objetivo Birmania con la intención de redactar su correspondiente trabajo. Tal circunstancia le ha llevado a considerar el relato como una novela de espías protagonizada por James Bond, aunque la escena de los caracoles no le cuadra.

 

 Ismael Mateo es un hacha multiplicando. ¡Qué manera de repentizar!

 - ¿Cuántas son 7.823 por 175, Ismael?

 Ismael, sobre la marcha y casi sin tomar aliento, responde:

 - 1.428.725.

 - ¡Qué bárbaro!, ¡vaya velocidad!

 El truco es fácil. Ismael dice lo primero que se le ocurre y lo que le da la gana. Y como nadie se toma la molestia de sacar un lápiz, nadie, tampoco le contradice.

 Y parecía inocente, el Ismaeilto.


 Elena Bravo a punto ha estado de salir en los papeles, pues cuando Clara Isábal volcó el autobús escolar a causa de la rabia, era la única persona que se encontraba dentro. Menos mal que no sufrió daño alguno. Desde que leyó Objetivo Birmania, le ha dado por escribir un libro de aforismos, máximas y sentencias titulado “Florecillas de mi sendero (aforismos, máximas y sentencias)” y que, como su mismo nombre indica, está llena de aforismos, máximas y sentencias.

 

 Raúl Capdevila, qué manera de señalar, también muestra inclinaciones líricas. Le pasa como a algunos borrachos con el vino: en cuanto la lírica se le pasa a la sangre, palidece. Para él, Objetivo Birmania no es más que un montón de palabras juntas sin sentimiento ni calidad. Cuando acabe sus rimas, el mundo se va a enterar de quién es Raúl Capdevila.

 

 María Abascal sabe, entre otras cosas, jugar al fútbol como Ronaldinho, imitar el silbido de la lechuza y sacar adelante las asignaturas con total comodidad. Bien mirado, María Abascal es una muchacha de gran utilidad y de muy raras mañas. El tema de Objetivo Birmania se lo ventiló en un plis plas, y como es muy práctica, apenas le ha dejado huella.

 

 Raúl Isábal, el día en que s prima volcó el autobús escolar, la vio más pálida que nunca.

 - Esta mañana he visto aClara más pálida que nunca. Eso es señal de que va a volcar el autobús escolar.

 - Calla, hombre, no seas gafe.

 - Buen, bueno, vosotros fiaros. Yo, por si acaso, no subiría.

 Al final, le hicieron caso y casi nadie subió. Desde entonces, Raúl Isábal tiene fama de adivino y le suelen preguntar de todo.  

 - ¿Vale la pena leer Objetivo Birmania?

 - ¿Eres alemán o argentino, tiene guardias civiles en la familia, te gusta la música pop de los ochenta o te sientes fan de James Bond?

 - No.

 - Pues entonces, no la leas.

 
 Andrea Echart se siente muy feliz de ser como es. Así da gusto ir por la vida. Y como se nota inteligente, imagina que el autor de Objetivo Birmania, para inspirarse, debió de escuchar hasta la extenuación las canciones del grupo. Por eso compadece a la familia del novelista, que hubo de sufrir de lo lindo con semejante tortura. 

 
 José Cristóbal cree en el fin del mundo y en el castigo divino, y a veces se enzarza en elevadas discusiones con sus compañeros. Así se entiende que, para el autor de Objetivo Birmania, le haya vaticinado el peor de los castigos. En primer lugar por tener que leer semejante tontería; en segundo, porque la gente no merece tales sufrimientos; y en tercero porque…, bueno, el tercer motivo aún no lo sabe muy bien.  

 
 Lara Blanco…, ay, Lara Blanco, vive en otro mundo, un mundo muy lejano del que le cuesta llegar cada día. Hay jornadas en que ni llega. En su mundo no hay cabida ni para birmanos, birmettes, guardias civiles o profesores rijosos, así que el libro le ha pasado de refilón, sin hacerle mella en su elevadísimo espíritu. Lara Blanco no hace más que soñar y soñar, poéticamente y en silencio, con que sobrenadando las aguas se presenta un pirata que la hará feliz.

 
 Andrea Garriga, afamada deportista, es además todo corazón y sentimiento.

 - ¡Oh, qué puesta de sol! –exclama a veces por la tarde. 

 - ¡Oh, qué bella flor de delicadas formas y colores! –exclama a veces cuando camina por las praderas.

 - ¡Oh, qué ave de raudo vuelo! –exclama a veces, por las mañanas, si se cruza con un pájaro.

 - ¡Oh, qué libro tan bonito hubiese sido con otro final más romántico! –habría exclamado de haberse leído Objetivo Birmania.

 
 Alejandro Moré es heavy de oficio e indolente de beneficio. Así se explican sus buenos modales y sus significativos silencios a la hora de juzgar Objetivo Birmania. Antes prefiere callar que despellejar (metafóricamente) a su autor. Así se lo comiera un cocodrilo, piensa no obstante para sí.

 
 Elena Berche, que se asusta ante una hormiga invernando, ha tenido el valor de leerse Objetivo Birmania enterita aunque solo ha entendido una cuarta parte, porque el resto de tiempo se dormía. Luego, por no provocar enfados innecesarios, ha alabado la obra mas que si se tratara de Fortunata y Jacinta. Sus intenciones siempre son de agradecer.

 
 Raúl Bravo es muy señorito y transige con pocas cosas.

 - ¡Pues estaría bueno, hombre, que fuéramos transigiendo con todo! 

 - ¡Pues claro, hombre, diga usted que si!, ¡pues estaría bueno!

 Cierto día se compró una biografía de Colon y luego dijo que no, que se la leyera su padre, que él no transigía. Sospechamos que algo parecido ha sucedido con Objetivo Birmania.

 
 Laura Izquierdo es muy saludable y trabajadora, aunque en su fuero interno propende al espiritismo y al ensueño. Laura Izquierdo es una chica muy de minorías, de las que caben pocas en una lista como las de Hacienda, que son bastante largas. Cuando acabó de leer Objetivo Birmania, tuvo que tomarse bicarbonato para digerir mejor semejante sarta de insensateces. ¡Y ella que la creía una novela de ciencia ficción!

 
 Aitana Larrégola reparte cariño a espuertas y dadivosamente, aunque ella prefiere recibirlo. Como además ha estudiado ballet, se imagina a ella misma como una birmette de ensueño llevando de cabeza a todos los alumnos varones de buen ver y mejor tocar.

 
 María Borén, cuando la miran, respira con muy hondo y doloroso sosiego. María Borén solo aspira a que la dejen en paz, a que ni la miren siquiera (salvo en algunos casos excepcionales, claro es). Por eso ha preferido deja para el final, es decir, para el último momento, el comentario personal sobre Objetivo Birmania. Confiamos en que más pronto que tarde nos hará sabedores de su opinión.

 

 Javier Rami, con eso del trabajo excesivo, se conoce que perdió fuerzas y acabó enfermando.

 - ¿De anemia?

 - No, de agotamiento. Javier Rami tiene cansados hasta los nervios.

 En cuanto a su opinión sobre Objetivo Birmania, hemos declinado hacerla pública porque, de su escrito, no hemos entendido ni la letra.

 
 Iratxe Lahoz es un producto de secano, bravía y grandilocuente. Ha cogido el toro por los cuernos (es decir, la novela), y no lo ha soltado hasta que no lo ha hecho suyo, aunque, eso sí, de forma un tanto desordenada. Hasta se sabe de memoria las letras de las canciones que aparecen en el libro, y lo que más le ha gustado de él es la escena del profesor intentando poner orden en su aula. Iratxe Lahoz, a veces, hasta tiene una vena bastante cómica.  

 
 Víctor Quintillá, unido en el ostracismo y el desaire a Alejandro Moré, odia con un odio asiático a todo el que le hace trabajar. No obstante, y dado que es discreto de natural, se lo calla y deja que la inquina le corroa por dentro. Un día de estos va a estallar y nos dejará a todos con la boca abierta, afirmando en plena huida: “Con lo buen chico que parecía”. De Objetivo Birmania, lo que más le ha gustado es la componente que aparece en el centro de la foto de portada. Víctor Quintillá no tiene un pelo de tonto.

 
 Pilar Corniel, muchacha voluntariosa, resulta todo un misterio para la Humanidad. Como buena predicadora de la verdad, vocea con arte y por todos los mentideros que Objetivo Birmania no hay quien la entienda. Muy dada a la mística, Pilar Corniel desearía que al autor de la novela le aplicaran aquello de atarlo a una rueda de molino, etc. etc. etc.

 

 Sara García, nada más ver el libro, puso gesto escéptico. Gesto que se fue cimentando en cuanto leyó unas cuantas páginas.

 - Esto de que el autor convierta en personaje me da qué pensar. ¿Será que carece de imaginación para inventarse otros protagonistas ficticios?

 Y así ha pasado el tiempo, meditando y meditando, hasta que, deprisa y corriendo, se ha visto obligada a elaborar su trabajo. La ley de las compensaciones es algo que nunca falla.

 
 María Gervás canta jotas con estruendo, y cuando alaban sus cualidades , se esponja como un pavo. De ahí que la novela le haya resultado gratificante. Eso de que a una vocalista le vaya luego detrás medio mundo la llena de satisfacción y felicidad. De hecho, ha estado a punto de preparar la versión femenina del Chiki chiki, aunque de momento se contiene hasta ver qué sucede en Belgrado.

 

 Cristina Ros es tan buena actriz que parece lo que no es e incluso es lo que no parece. En fin, un lío de órdago que nos leva a todos bastante confundidos. Por eso la confusión de personajes que caracteriza a Objetivo Birmania le ha sorprendido muy gratamente: que si el autor es el protagonista, que si Eladio Romero no es el autor, que si James Bond está locamente enamorado del argentino, pero que nadie se entera de ello hasta el final… Cristina Ros tiene unas sabias y meritorias teorías sobre la novela, que dejará perfectamente clarificadas en su trabajo.

 

 Antonia Toma, como viene del otro la de los Pirineos (y de los Alpes y de los Balcanes), piensa que se arma demasiado revuelo por nada. En su país todo el mundo lee novelas de Marin Preda y nadie se escandaliza. Aunque, para ella, su preferido es Mihail Sadoveanu, cuya novela “El jinete insomne” le parece una maravilla. Objetivo Birmania no le llega ni a la suela del zapato.

 
 Iris Trullenque es la Sofonisba Anguisola del siglo XXI, y su fama seguro que alcanzará hasta el XXII. La historia de Sofonisba Anguisola, pintora cremonesa que vivió en el siglo XVI, constituye una muestra del silencio que ha pesado sobre la actividad pictórica de las mujeres en la historia. Iris pretende romper con ese injusto tabú dibujando y pintando sin descanso hasta que se le reconozca su arte. En este sentido, la portada de la novela Objetivo Birmania le merece la mejor de sus alabanzas. Del resto, ni sabe ni le interesa saber.

 
 Alba Delgado es puntual y cumplidora. Yo no tengo más que palabras de beneplácito para su conducta. ¡Cuan lejos llegará cuando tenga estudios! De momento, se conforma con cumplir Y como además es muy suya, desearía tener un encuentro con el autor de Objetivo Birmania para cantarle las cuarenta y decirle que su novela no tiene ni pies ni cabeza, amén de que es un vicioso que se gasta el pan de sus hijos en libros, cuando no en cosas peores.

 - Adrián necesita unos zapatos –le insiste su esposa.

 - Todos necesitamos cosas que no tenemos. Que se arregle con unas alpargatas –le responde el escritor.

 
 Begoña Ferrer la pretenden, aunque sin suerte, varios compañeros de escasa estatura. Su compañera Cristina asegura que el detalle carece de menor importancia.

 -Yo creo que Cristina tiene toda la razón.

 - Tú si, pero la Begoñita, que es la interesada, piensa al revés y dice que los bajos le dan rabia. Así no hay manera de arreglar las cosas.

 - Verdaderamente. En fin, cuando una joven se pone cabezota, lo mejor es dejarla. ¡Para lo que se va a sacar en limpio!

 Begoñita, en el fondo, es una frívola que no sabe ni lo que quiere.

 - ¿Y de Objetivo Birmania?, ¿qué piensa de Objetivo Birmania?

 - ¿De Objetivo Birmania dice usted? Pues de eso la Begoñita solo piensa que son paparruchas.

 
 Miriam Ortiz, desde su intimidad más íntima, esa que no sale afuera ni a tiros, piensa que eso de la novela es algo muy revuelto y misterioso, algo sin norma fija y muy ad hoc para dar rienda suelta a la mala uva. Por ello está convencida de que el autor de Objetivo Birmania, con su relato, solo busca vengarse de algo o de alguien. A verdad es que todavía anda buscando la respuesta exacta a semejante incógnita.

 
 Ester Ibarz posee una sensibilidad universal y es muy dicharachera. En un acto de plausible contribución a la cultura, ha proclamado a todos los vientos y ante quien le preste atención, que viva la Inquisición española y que al fuego con Objetivo Birmania. Que para insensateces, ya tiene bastantes con las que escucha cada día de boca de algunos dilectos docentes. ¡Dónde iremos a parar, James Bond comiendo calçots, con toda la salsa escurriéndosele por la barbilla y manchándole el frac! 

 
 Paula Miramón ha leído Objetivo Birmania desde todos los arranques posibles (del principio hasta el final, del final al principio, del medio hasta la mitad) y en todas las posturas que su cuerpo le ha permitido (sentada, tumbada y hasta de rodillas), y aún se pregunta por qué sigue libre su autor. Su afición a la Biología le ha llevado a desarrollar la idea de que el responsable de semejante engendro merecería ser estudiado en un acuario, es decir, rodeado de escualos y tintoreras para comprobar cuánto tarda en desangrarse en un medio marino.

 

 Áurea Mora colecciona pensamientos propios y alguno ajeno, con los que el día de mañana se propone hacer un libro, eso si encuentra editor. “Mi alma femenina es como un pétalo al que el mundo hiere”, reza una de sus máximas

 - ¿Le gusta? –suele preguntar a sus profesores.

 - Si, hija, sí, ya lo ceo que me gusta. Es muy bonito, muy original sugestivo – le responde el profesor de Ciencias Naturales, que de pétalos sabe un montón.

 Áurea Mora, al oír tales alabanzas, entra en trance y se queda quieta y con los ojos en blanco.

 - ¡Cómo le agradezco sus frases de ánimo y de consuelo, señor Chema!

 Entonces, el señor Chema, como no tiene costumbre, se azora, se despide y se va. 

 
 Leticia Pérez es, junto con el señor Chema, la que mejor se percata de las etéreas calidades del pensamiento de Áurea. Adrián Moler, el protagonista de Objetivo Birmania, le parece un pinta y un caradura. Sí, sí, mucho llamar ninfas, tortolitas, chatas, musas y otros eufemismos y subterfugios a las mujeres, pero luego solo está por lo que está. Sin embargo, cuando algún muchacho la llame tres veces chata (la primera con interés, la segunda con amor y la tercera apasionadamente), se liará la manta a la cabeza y se dará el piro con él.

 
 Ester Rami, de mayor, piensa montar una escribanía donde se copien a mano todo tipo de documentos antiguos, para luego venderlos como facsímiles de lo que sea. Lleva tiempo practicando y, la verdad sea dicha, hasta ahora no se cansa. Es más, si sale de lo que se lleva entre manos, se ha propuesto copiar Objetivo Birmania de cabo a rabo para ir ganando habilidades de cara al curso que viene.

 
 Raquel Sancho decidió cierta tarde hacer autostop para viajar hasta Huesca. Tardó más de seis meses en llegar, porque como no conocía la geografía de referencia fue dando un rodeo por Lleida, sobre el curso el caudaloso Segre, y por Salamanca, a orillas del voluntarioso Tormes. Pero al final llegó. El problema fue volver, ya que de regreso se perdió por una selva tropical y aún la siguen buscando. Raquel Sancho, por la carretera abajo y envuelta en las sombras de la noche, semeja un fantasma acorralado y sin rumbo. Mismo como los astros que ruedan, muertos ya  desde hace miles de años, por los remotos y heladores confines del Universo.

 

 María Vidal, de mayor (es decir, cuando crezca), quiere vivir su vida. Ya ven ustedes lo que son las cosas. María Vidal, de pequeña, nunca ha dado que hablar, y dentro de poco, muy poco, cuando crezca, va a estar en boca de todos.

 - Pero, ¿tanto le cuesta crecer? 

 - Sí, bastante. Qué más quisiera ella. Pero por más que se esfuerza, no lo consigue.

 María Vidal quisiera vivir ya su vida. Lo que pasa es que en esto de las estaturas no rige la voluntad. En esta vida se conoce que debe haber altos y bajos. Sirva para su consuelo que Mónica Gabiel y Galán y el resto de las componentes de Objetivo Birmania tampoco suben mucho más. Con alguna incluso podría codearse.

 
 A Alba López Buj, esto de amor la ha amansado bastante. A su novio no hace más que preguntarle:

 - ¿Me quieres mucho?

 - Mucho –responde él.

 - ¿Más que a nadie?

 - Más que a nadie

 - ¿Y me querrás siempre?

 - Siempre.

 - ¿Pase lo que pase?

 - ¡Mujer, según!

 Como el novio de Alba López Buj estudia tanto como ella, las relaciones de los dos tórtolos, basadas en eso de las comunes aficiones, discurren muy sosegadas y como sobre ruedas.

 - Alba, ¿me dejas copiar el trabajo de Objetivo Birmania?

 - Claro, tontín.

 - Ay, Alba de mis entretelas, me gustaría ser cabrito… Bueno, cabrito no, corderillo de tu aprisco, gentil pastora, para darte mi lana y mi amor. 

 
 Verónica Rodríguez ha decidido cambiarse el nombre por el de Acinórev Zeugírdor (Verónica Rodríguez, pero al revés) para poder dedicarse al teatro, una de sus aficiones más asentadas. En su última actuación, imitó a Mónica Gabriel y Galán, la diva de Objetivo Birmania, y fue aplaudida con tal entusiasmo que nadie llegó a sospechar el final de la historia. Cuando faltaba ya poco para concluir su actuación, algún gamberro gritó “Tomates” y se armó una escandalera de mil pares de narices. Hubo aullidos de todo tipo y la gente, como siempre pasa, se dividió en dos bandos. Al final alguien tuvo que llamar a la guardia civil, instituto armado que, al conocer que lo que allí se ventilaba tenía que ver con Objetivo Birmania, decidió no intervenir para que la gente se sacudiera el polvo a gusto.

  

 María Romeo, trabajar, lo que se dice trabajar, más bien no, es cosa que salta a la vista. Eso sí, empeño, mucho, buena voluntad, toda la que usted quiera, y empuje, más que Gema Morillo cuando se dispone a hablar. María Romeo piensa hacer un trabajo sobre Objetivo Birmania que será de lo mejor de su cosecha. De momento, eso, queremos decir que lo piensa. Hacerlo ya es otro cantar. 

 

 Sonia Terrades habla casi tanto como Gema Morillo, aunque todavía no la alcanza (todo se andará). De momento se conforma con la prudente y discreta segunda posición, aunque suele practicar por las plazuelas todos tipo de berridos y exclamaciones para llegar hasta la cúspide del parloteo. Incluso ha estado leyendo en voz alta algunos fragmentos de Objetivo Birmania ante el cuartel de la guardia civil, más que nada para entonar, provocando algunos malentendidos con dos números. De hecho, a unto ha estado de ser encerrada en el cuartelillo por insultos a la Benemérita. Cuando por fin la dejaron salir, le recomendaron que fuera a dar la lata a otro barrio, informándole de que al autor de esa novelucha le iban a caer multas hasta por vestir de rojo. 

 
 Bueno, eso es todo. Y para concluir, una sola cosa más. Estimados alumnos, os quiero tanto, os necesito tanto, que he dejado dicha en mi testamento la frase para mi epitafio: “Hasta pronto, chicos”.

Modificado el ( martes, 06 de mayo de 2008 )
 
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