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Una nueva versión del cuento de Caperucita Roja, escrita por Alba Raso (1º ESO_A)

Sábado 2 de febrero de 2008, por Ágora (actualizado el 20 de febrero de 2008)


CAPERUCITA ROJA

Érase una vez, no hace mucho tiempo, en una gran ciudad, vivía una niña de doce años, llamada Anabel, en una pequeña casita. Su familia era humilde, y a penas podían llegar a fin de mes.

A la niña la llamaban Caperucita Roja, ya que casi siempre llevaba un viejo chaquetón de color rojo como el tomate.

Un día, su madre le dijo que, ya que su abuela acababa de salir del hospital, le llevara un ramo de rosas, unos bombones y un poco de dinero para poder comer.

Antes de salir de casa, la madre le dijo a Caperucita que, ya vivían en una inmensa ciudad, que no hablara con ningún desconocido y que tuviera cuidado con los coches. La niña asintió y colocó las cosas en una pequeña mochila .

Salió de casa toda contenta, escuchando música con su MP3, cuando se paró a atarse un cordón de su bota, que estaba desabrochado. Al subir la cabeza, se encontró con un hombre calvo, grande, con unas largas barbas, y fumando un cigarrillo.

El hombre le dijo hola a Anabel, y ella, toda confiada, le dijo: -Hola, ¿quién es usted?-. Hablaron durante unos minutos y el señor le dijo que si quería que la llevaría en coche a donde quisiera ir. Caperucita contestó que no, porque iba a casa de su abuelita que se encuentraba en el bloque "Barcelona, en el número 13".

Cometió un grave error al decir eso...

Sin decir nada, el hombre cogió su coche y se dirigió rápidamente al bloque que le había nombrado la niña. Al llamar al timbre solo tuvo que decir:-Soy Anabel-, para que la inocente abuela le abriera.

Enseguida, al darse cuenta de que no era su nieta, la abuelita se desmayó.

Aquel hombre se enfurruñó mucho, ya que ahora no le podría decir dónde guardaba sus ahorros.

Él comenzó a buscar por aquel humilde pisito, pero no encontró nada. Entonces pensó en amenazar a Caperucita Roja cuando llegara.

Al cabo de un rato, sonó el timbre. Era Anabel. El hombre cogió el telefonillo del portero automático y dijo con voz distorsionada:-pasa hija, ¡pasa!

La niña enseguida se presentó allí, y lo primero que vio fue a su abuelita tirada en el suelo. Se asustó muchísimo. Entonces salió el hombre y le dijo a Caperucita Roja:

 - O me dices donde está el dinero o mato a tu abuelina...

- ¡Ahh! No, por favor... Creo que está en el cajón del tocador.

- Más te vale niña, porque como no sea así, os voy a matar a ti y a tu abuela.

El ladrón miró y allí solo había monedas sueltas.

-Muuuuy bien niñata, ¡vete despidiendo de tu abuela y de la vida!

-¡Ag, no, ahh, sniff, nooo, no me mates!

Mientras, por la calle, pasaba un obrero que escuchó los gritos de Caperucita. Subió las escaleras a toda prisa, tiró la puerta del piso y allí vio a la abuela inconsciente y a Anabel. a punto de ser asesinada por el ladrón con una pistola. El obrero fue rápidamente a la cocina, cogió un cuchillo y se lo clavó en la espalda. Acto seguido, llamó a la policía que llegó enseguida.

La abuelita se despertó y la llevaron al hospital de nuevo.

Caperucita, muy asustada, dio un beso a su abuela y fueron felices para siempre.

 

 

 

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